El hecho que estamos aquí, vivos, en el siglo XXI, no es nada menos que un milagro

Rab. Samuel Garzón

 “Tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es de ellos… serán esclavizados y oprimidos”. Esta profecía, hecha por Di-s a Abraham Abinu, la vivenciamos en Egipto (el primer exilio, y el arquetipo de las demás diásporas), en Babilonia, Grecia y Roma. Mientras que estos imperios parecen distantes y olvidados, ellos son los pilares de las “civilizaciones modernas” que nos han embestido con una atrocidad que casi desafía las palabras.

¿Qué palabras hay en el léxico humano para describir lo que ocurrió en España, donde exterminaron a las personas por el “crimen” de ser judíos? ¿En York, donde un castillo fue quemado junto con los judíos que se escondían adentro? ¿En Varsovia, en Auschwitz, en Treblinka, etc.?

No hemos desaparecido del mapa. Hemos salido a la luz, después de cada enfrentamiento con el enemigo, debilitados pero con vida. Lo que sí teníamos y tenemos en claro – cuando salimos de cada intento de exterminio – es que lo que somos y lo que queremos ser, no puede ni siquiera asemejarse a lo que los inquisidores de turno eligen hacer de ellos mismos.

El mes de Av es un tiempo en el cual enfrentamos este aspecto de nuestra historia.

El signo astral de este mes es el león. Alude a nuestro encuentro con la fuerza cruda. Curiosamente, el primer día de Av es el aniversario del fallecimiento de Aharón, el hermano de Moshe Rabenu, quien fue conocido como el ícono de la paz universal. Esto nos dice que, a pesar de que podemos actualmente estar distantes de Di-s y de nuestro yo más espiritual, finalmente existirá la paz que Aharón forjó; paz que está basada en el surgimiento de nuestro yo más elevado y noble.

El Talmud nos dice que el Mashiaj nacerá el 9 de Av. Este es el día en el que fueron destruidos los dos Templos de Jerusalén, se decretó la expulsión de los judíos de España, y estalló la Primera Guerra Mundial, “madre” de la Segunda Guerra Mundial. Todo esto nos indica que se trata del mismo pacto que promete sufrimiento y promete redención. Hay dos lados en una moneda. Al nacer un bebé, primero se siente dolor y luego regocijo.

Puede que nunca olvidemos lo que hemos sufrido. El hecho que Di-s sea garante de nuestra supervivencia, no exime a todos los que han perpetrado los peores crímenes de la historia. Sus intenciones fueron viles, sus decisiones fueron tomadas conscientemente, y sobretodo, su crueldad no conoció límites.

Además, no podemos permitirnos olvidar quienes somos, y por qué hemos sobrevivido. Somos el pueblo de Di-s con la misión de cumplir el pacto de Abraham Abinu.  Apuntamos a vivir vidas íntegras y ejemplares, elevando lo físico y teniendo fe en Di-s.

El hecho que estamos aquí, vivos, en el siglo XXI, con la amenaza incesante de nuestros numerosos vecinos del Medio Oriente, y la difamación parcializada de otras naciones y medios de comunicación internacionales sesgados – puesto en evidencia palpable en estos días – y que no hemos ignorado quienes somos, manteniendo el compromiso de continuar nuestra alianza con Di-s, no es nada menos que un milagro.

Antiguamente, el 15 de Av era una fecha de alegría, donde se celebraban bodas y se conmemoraba el inicio de nuevos tiempos. Este es el día en el que expresamos, no sólo quien no queremos ser, sino quienes podemos ser.

Que sea la voluntad de Di-s, que este mes de Av nos traiga alegría, construcción  y consuelo. Amén.

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