La jerarquía en el Judaísmo

Rabino Isaac Cohen

La palabra “jerarquía” (del griego hierarquía / ιεραρχία) significa “gradación de personas, valores o dignidades” (Real Academia Española). El judío, por su eminente vocación igualitaria, no simpatiza mucho con este concepto. Sin embargo, la jerarquía, dentro del judaísmo es una realidad aunque con matices muy particulares. En el judaísmo la jerarquía se establece por partes iguales entre el origen (es decir, el nacimiento) y el mérito que deriva sobre todo del conocimiento, bajo la premisa que ser sabio es ser bueno y justo. Dependiendo del nacimiento se distinguen tres jerarquías: Kohén, Leví e Israel. El Kohén es el sacerdote, el Leví su ayudante y el Israel simplemente el feligrés.

¿Esto significa que el Israel carece de jerarquía? Al contrario, tengamos presente que Kohén y Leví ejercen su ministerio en servicio del Israel. ¿Acaso no sirven a Dios? Todo Am Israel sirve a Dios. Sucede que las especiales y privilegiadas responsabilidades que corresponden a Kohanim y Leviim tienen el propósito de establecer una comunicación de modo permanente entre Dios y el pueblo de Israel. Es más, de Israel (y exclusivamente de la tribu de Yehudá) se designa al Mélej (rey) que en el ámbito no religioso representa la máxima autoridad.
La condición de rey se asocia al Shulján, la mesa de los Léjem Hapaním (panes de semblantes) del Mishkán, que simboliza la realidad material y la Parnasá (sustento). Dentro del elemento Kohén se distingue la dignidad de Kohén Gadol (Sumo Sacerdote), autoridad máxima en el plano espiritual. La figura de Kohén Gadol se asocia a la Menorá, símbolo inequívoco y contemporáneo de la identidad judía, pues el encendido de la Menorá era responsabilidad exclusiva del Kohén Gadol.

Paralelamente a estas jerarquías, se desarrolló una diferente, basada en el conocimiento (“Catedocracia” es el interesante término acuñado para este propósito por el historiador inglés Paul Johnson, nacido en 1928). En este orden el Rabí (maestro) es la figura fundamental. Su autoridad es equivalente a la que ejerce el padre dentro del hogar judío, de hecho es un tema típico de la Guemará la discusión acerca de quién tiene prioridad en términos de Kavod (honor) bajo ciertas y especiales circunstancias, el padre o el maestro (que es el Rabí). Su jerarquía viene representada por el Arón Hakodesh, el Arca de la Alianza dónde estaba depositada la Torá. Si bien la condición de Kohén y Leví está limitada por razón de nacimiento, la Torá es democrática desde el punto de vista jerárquico pues está abierta a todo Am Israel y nadie puede ser excluido de ella. El Sofer (escriba), una figura de crucial importancia en el Galut (Exilio) babilónico y actualmente muy ligada al judaísmo rabínico, es el encargado de preservar y reproducir las sagradas escrituras de manera minuciosa y precisa con el propósito que no se modifique o adultere el contenido de la sagrada Torá que recibimos en Har Sinay.

El Rabí enseña y transmite sus conocimientos en el Bet Midrash (Casa de Estudio) que adopta dos formas principales: la Yeshivá y el Kolel. En la Yeshivá el estudiante soltero (Bajur) está dedicado de manera exclusiva y a tiempo completo al estudio. En el Kolel estudian por lo general hombres casados (Abrej) que dividen su tiempo entre el estudio y sus obligaciones laborales y familiares. Los dirigentes de estas instituciones de enseñanza constituyen otra jerarquía. Respectivamente el Rosh Yeshívá (director de la Yeshivá) y el Rosh Kolel (director del Kolel). Aquel que tiene el tan importante deber de enseñar a los niños es el Moré, una jerarquía de valor incalculable, pues del Moré depende la transmisión y perdurabilidad del judaísmo.

Sin duda, el primer Rabí fue Moshé al que todos llamamos Rabenu (nuestro maestro). Delegó su cargo – por orden de Dios – en Yeoshúa Bin Nun, a través de la imposición de manos, una ceremonia que desde entonces recibe el nombre de Semijá. En tiempos de la Mishná (siglo III de la Era Común), el Rabí imponía a discreción la Semijá a sus alumnos más aventajados y de conducta irreprochable. Hoy, particularmente en el marco de Medinat Israel, se ha institucionalizado bajo la forma de exigentes requisitos éticos y académicos expresamente estipulados. El aspirante a Rabí debe rendir rigurosos y estrictos exámenes en temas tales como Shabat, matrimonio, pureza familiar, Mikvaot (todo lo relacionado a la inmersión ritual y purificadora), Kashrut y Avelut (leyes acerca del duelo por un pariente cercano).

El espíritu del judaísmo rabínico radica en el principio que el líder no tiene por que ser el más poderoso y el más rico o el más valiente y el más fuerte, sino el más sabio. Por eso Moshé Rabenu, en la escala jerárquica, ocupa el lugar más alto pues fue quien recibió la enseñanza (Torá escrita, Shevijtav, y Torá oral, Shebeal Pe) directamente de Dios. Moshé a su vez, como ya dijimos, la transmitió a Yeoshúa Bin Nun. Él, a Pinjás y a los Jajamim (sabios) del tiempo de los Jueces. Luego se transmitió a los Neviím (profetas), y de éstos a Ezrá HaSofer (el escriba) quien a su regreso de Babilonia fundó la Keneset Haguedolá (Gran Asamblea) conformada por 120 sabios. Shimón Hatzadik fue el último sabio de los que pertenecieron a esta Gran Asamblea.

Por seis generaciones fue transmitida la enseñanza hasta Hilel y Shamai, y cuando sobrevino la destrucción del segundo Templo, Rabí Yojanán Ben Zakai fundó la academia de Yavné. Por seis generaciones más continuó la transmisión hasta Rabí Yehudá Hanasí quien tomó la crucial iniciativa de poner por escrito la Mishná (núcleo de la Torá Shebeal Pe que hasta entonces, de manera exclusiva, había sido transmitida verbalmente). Rabí Yehudá Hanasí tomo esa decisión con el propósito de preservar la enseñanza que se veía amenazada por el rigor de la persecución romana. Todos aquellos Jajamim que desde la época de Shimón Hatzadik hasta Rabí Yehudá Hanasí (también conocido como Rabenu Hakadosh) mantuvieron viva la enseñanza, son llamados Tanaim. La Mishná fue complementada posteriormente por el Safrá y el Sifrí (obras de Rav que enuncian y explican los fundamentos de la Mishná); la Toseftá (obra de Rabí Jiyá que recopila leyes que no fueran incluidas en la Mishná de Rabí Yehudá); y finalmente por las Baraitot (obra de Rabí Oshayá y Bar Kapará que compila aquellos libros que se redactaron para explicar la Mishná). Quienes luego de manera sistemática comentaron la Mishná son llamados Amoraim, y fueron ellos quienes redactaron la Guemará. El conjunto de Mishná y Guemará (que es el comentario de la Mishná) es el Talmud. Uno se redactó en Babilonia (especialmente en las academias de Pumbedita, Sura y Nehardeá), el más difundido y conocido, y otro – de menor extensión – se redactó en Jerusalén.

El Talmud Bavlí (Talmud de Babilonia) se concluyó en el siglo V de la Era Común. Es una obra monumental que además de discutir la Mishná, fija la Halajá (“el camino”). Es decir, la conducta a seguir (Mitzvot) en cada caso y circunstancia. También está complementado por un sin número de Agadot (relatos) de carácter ético y filosófico. Los Saboraim, y después los Gueonim – a lo largo de más de 500 años – explicaron, aclararon y divulgaron las Halajot del Talmud. La palabra Gueonim es el plural de Gaón. Uno de los más célebres fue Saadiá HaGaón (892-942), quien se destacó por su fuerte oposición a la secta de los Karaítas quienes niegan la validez de la Torá oral. El término Gaón fue utilizado posteriormente como título honorífico para resaltar la sabiduría de algún gran Jajam como es el caso de Rabí Eliyahu Zalman (1720-1797), mejor conocido como el Gaón de Vilna. Finalmente los Poskim codificaron e hicieron asequible la Halajá.

Los primeros grandes y reconocidos Poskim (llamados Rishonim) fueron cuatro: Rabí Itzjak Elfasi (el Rif) 1013-1103, su discípulo Maimónides (el Rambam) 1138-1204, Rabí Asher Ben Yejiel (el Rosh) 1250-1327, y su hijo Rabí Yaakov Ben Asher (el Baal HaTurim) 1269-1343. Luego Rabí Yosef Caro (el Marán) 1488-1575, con su obra Shulján Aruj, y Rabí Moshé Isserles (el Ramá) 1520-1572, compilaron y codificaron toda la Halajá enseñada por estos cuatro maestros. Los Poskim que vinieron después son llamados Ajaronim, quienes desde entonces vienen explicando y adaptando a nuevas situaciones, la Halajá que fue establecida por Rabí Yosef Caro (guía de los Sefardíes) y por Rabí Moshé Isserles (guía de los Ashkenazíes). Entre los Ajaronim ocupan un lugar muy destacado, por la influencia que ejercieron en la interpretación de la Halajá, Rabí Israel Meir HaCohén (el Jafetz Jayim) 1839-1933, con su obra Mishná Berurá, y Rabí Yosef de Bagdad 1835-1909, con su obra Ben Ish Jay.

Medinat Israel también ha dado lugar a dos nuevas jerarquías: Gran Rabino de Israel (máxima autoridad de la comunidad Ashkenazí) y Rishón LeZión (máxima autoridad de la comunidad Sefardí). Su elección (ejercen por un período máximo de diez años), y sus atribuciones religiosas y legales están coordinadas por el Gran Rabinato de Israel, institución religiosa de mayor rango, que rige y regula matrimonios, divorcios, las certificaciones de Kashrut (Teudot) y también dictaminan la identidad religiosa de los Olim (los que hacen Aliyá a Éretz Israel) que así lo requieren.

En la diáspora se ha afianzado actualmente la figura de Rabino Principal que se desempeña como líder religioso de la comunidad judía de una determinada nación. Esta jerarquía tuvo su origen, así se cree, en las figuras del Rabino Mayor del antiguo Reino de Castilla (antes de la expulsión de los judíos de España en 1492) y del Jajam Bashi propia del Imperio Otomano (hacia el siglo XV).

Es un hecho social e histórico que toda organización de maestros necesita del desarrollo de una Academia la cual, en el judaísmo, estaba representada por el Sanhedrín, que tuvo su origen en los “70 ancianos” designados por Dios para responder al llamado de ayuda de Moshé (Behaalotejá 11:14), quien se sentía abrumado por su responsabilidad como líder del Am Israel. En el Sanhedrín, institución con atribuciones jurídicas y legislativas que permaneció en funciones hasta finales del Segundo Templo, se distinguían dos jerarquías principales que son: El Nasí (el primero fue Moshé Rabenu) y el Av Bet Din (el primero fue Aarón Hakohén). En términos modernos el Nasí sería el Presidente y el Av Bet Din el Vicepresidente del Sanhedrín de la Corte Suprema de Justicia. El Sanhedrín se reunía en el Bet Hamikdash, en la dependencia que recibía el nombre de Lishkat Hagazit.
Dentro del judaísmo el estudio y la justicia están indisolublemente ligados. El Rabí que estudia y se prepara de manera rigurosa para ejercer el derecho es nombrado Dayán (juez). Dentro de los Dayanim (jueces) existen también determinadas y precisas jerarquías según el grado de preparación y experiencia.

El Galut en Babilonia, tras la destrucción del primer Bet Hamikdash dio lugar, o al menos fortaleció, dos instituciones absolutamente interrelacionadas que a partir de entonces son elementos esenciales de la vida judía: la Sinagoga (Bet Keneset) y la Kehilá (es decir, la organización comunitaria). De estas dos instituciones se derivan nuevas y diferentes jerarquías: el Rabí Comunitario (maestro y líder espiritual de la Kehilá a la cual está asignado), el Shaliáj Tzibur o Jazán (oficiante), el Parnás (administrador), el Gabay (encargado de la recolección de fondos) y el Rosh Kahal (representante de los intereses comunitarios). También un fenómeno pos-exiliar fue la aparición del Rosh Galut (en griego “exilarca”) entre aquellos que no regresaron de Babilonia. El Rosh Galut establecía su jerarquía en la creencia que era descendiente de David Hamélej. La figura del Rosh Galut derivó finalmente en la formación de la secta Karaíta. Este título desapareció hacia el final de la dominación persa (a comienzos del siglo VII de la Era Común). Otros títulos surgieron en la Europa oriental del siglo XVIII, en el marco del movimiento Jasídico, como es el caso del Admur (siglas de Adonenu Morenu VeRabenu / Señor, Maestro y Rabino nuestro) y del Rebe. Este último adquirió especial importancia dentro del movimiento Jabad (siglas de Jojmá, Biná y Daat, lema de esta organización).

En conclusión, diremos que no existe jerarquía de mayor importancia dentro del Am Israel que el título de Yehudí. Este título, asequible a todos en razón de nacimiento o de conversión (Guer Tzedek), antecede y engloba a todos las demás jerarquías. Ser Yehudí implica la muy elevada responsabilidad de practicar, estudiar y transmitir la Torá, de difundir y ser ejemplo de Bondad y Verdad (Jésed VeEmet) para toda la humanidad.

 

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