Las Banderas

Rab. Samuel Garzón

Rosh Hashaná, el inicio del año. Todo inicio tiene un trayecto y un destino. Así también, es nuestro próximo año 5775.
Al hablar de un inicio, hay que conocer la ruta que nos depara el año 5775. Todos los caminos tienen como objetivo llevarnos hacia una meta, que también es digna de conocer.
Nuestra sagrada Torá y nuestros Sabios nos esclarecen estas incógnitas, a través de ejemplos cotidianos, cuyo objetivo es plasmar las realidades existentes en cada uno de los escenarios en los que nos desenvolvemos.
En la Parashá de Bamidbar y Behaalotejá la Torá se explaya en la descripción de cada una de las banderas de las tribus del pueblo de Israel y cómo había un color de piedra específico, que estaba incrustado en el pectoral del Cohén Gadol (Sumo Sacerdote), para cada tribu. Además, detalla su ubicación con respecto al Tabernáculo. El objetivo de la extensión del texto descriptivo de las mismas, no es, sino para darnos a entender, la misión del individuo en este mundo. (Rashí, Números 2:2).
El Midrash, también, explica y agrega que estos versículos de la Torá sirvieron de inspiración para las demás naciones, que se confeccionaron sus propias banderas y escudos identificativos.
Pero, lo más interesante es que la orden Divina de confeccionar banderas era, única y exclusivamente, para que cada yehudí se identificara con su propia tribu. Pero, no como un simple ideal nacionalista, sino que con un sentido espiritual que trazaba y determinaba el destino individual y colectivo.
Esto implica, que fue una bondad de Hashem darle a conocer a cada tribu su propia bandera, es decir su misión en la vida, en su momento histórico, con su ubicación estratégica, etc. – para así evitar el odio, la competencia y la envidia imperante de la sociedad antigua – y ¿Por qué, no? La moderna, también.
O sea, todos conocen su objetivo de vivir y la manera de conseguirlo, cada quien según su capacidad y sus dones.
Hasta ahora, la Torá nos relató muchos casos de exterminio entre hermanos y familiares cercanos, ya que no hubo un estandarte que los canalizara. Y hasta que aparecieron las banderas, Moshé siempre temió que las tribus se pelearan entre sí, para posicionarse alrededor del Tabernáculo, mas no fue así. De aquí, se entiende que fue una bondad Divina darle una bandera, exclusiva, a cada tribu.
De todo esto, se concluye que la esencia individual (personalidad) es indispensable en el flujo sano de la humanidad – que jamás deberá ser imitada, ni intimidada – de lo contrario se pondría en peligro nuestro entorno y coexistencia colectiva.
El Pueblo Judío mantuvo su singularidad en Egipto, ya que no cambiaron sus nombres, vestimentas y su lenguaje, y por esto fueron liberados de la esclavitud.
Cada año que inicia, es un llamado a encontrarnos con esa esencia, que nos traza un objetivo y la manera de llevarlo a cabo. El sonido del Shofar es la manera de escucharnos, a nosotros mismos, y comprender hacia donde queremos seguir elevándonos, espiritualmente, respetando nuestra naturaleza humana, personalidad y originalidad.
Todos podemos servir al Creador del Universo desde diferentes perspectivas, con nuestras propias cualidades, virtudes, experiencias, capacidades y pensamientos. Solamente así, es que se llega a la grandeza espiritual anhelada, desde el inicio del año hasta su final. Siendo originales, sin imitaciones, ni con ideas prestadas.
Sea la voluntad de Hashem, que tengamos un año 5775 lleno de metas superadas, logros obtenidos, respetando a todos nuestros semejantes por igual, para que así la Providencia Divina no cese de reposar entre nosotros. Amén.

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