Nuestra Akedá (Sacrificio)

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Rab. Samuel Garzón

 

El eje de nuestro Rosh Hashaná es, tanto en su observancia, como en sus rezos y en el sonido del Shofar, el recuerdo de la Akedá – la unión de Ytzjak Abinu en el altar y la aparente disposición de Abraham Abinu a sacrificarlo como adoración a Dios.
La Akedá nos ha seguido a lo largo de nuestra historia. Ha habido millones de Akedot en la historia judía y la mayoría de ellas terminaron en la muerte de la víctima. Sin embargo, es la total dedicación y tenacidad del Am Israel para hacer la voluntad de Dios, sin importar el costo que hemos pagado para sostenernos a lo largo de nuestro viaje, largo y difícil, a través del tiempo. Por lo tanto, Rosh Hashaná sirve para recordarnos el precio que se nos exige pagar para proteger a nuestro judaísmo y proyectarlo hacia las generaciones futuras.
Las pruebas no necesariamente deben ser exponiendo la vida física para encontrar la muerte. Las pruebas suelen ser más complicadas y sutiles, que esto. Nuestra juventud se enfrenta a una Akedá diaria, donde exponen su integridad judía y, silenciosamente, algunos sucumben y otros se levantan. ¿Cómo hacer para que nuestros principios judíos sean tan o más atractivos que las distracciones y entretenimientos mundanos, mientras nos desconcentran del objetivo de la vida?
Superar nuestras propias debilidades y deseos, nadando contra la corriente del sistema de valores imperante en gran parte de la sociedad moderna y de ser firmes en nuestra fe y comportamiento frente a todas las eventualidades – estos son los términos de nuestra Akedá. El valor del judaísmo es fácil de resquebrajar y difícil de adquirir. La asimilación y la pérdida de entusiasmo en el servicio a Dios, ponen en peligro el futuro judío, son nuestros enemigos silenciosos.
Rosh Hashaná es inflexible en sus demandas sobre nosotros. El Baal Shem Tov enfatizó que una persona es juzgada, no sólo por lo que ella es en ese momento, sino que también por lo que ella quiere ser. Rosh Hashaná es el momento de renovar el compromiso con nuestras aspiraciones más elevadas y nobles, para despedir a la mezquindad y el egoísmo y dirigirnos al cumplimiento de la Torá y los valores judíos en nuestras vidas y en nuestra sociedad.
Por tanto, el Shofar sirve como llamado a despertar nuestra mejor voluntad de lucha contra el acostumbramiento a lo mundano e intrascendente. Pasividad, en el intento de mejorar nuestra naturaleza y comportamiento, está condenada a ser una táctica fallida. Rosh Hashaná nos exige entusiasmo por la causa de Dios y la Torá, y la voluntad de luchar con nosotros mismos, con el fin de despertar nuestra mejor naturaleza y aspirar a la grandeza moral y el buen comportamiento. El Shofar tiene sonidos penetrantes y turbulentos. Exigen y no calman. Eso es el preludio a la Akedá.
Que sea la voluntad de Dios Bendito que consigamos completar nuestra sagrada misión, como individuos y como Nación. Puliéndonos con total dedicación y tenacidad, hallaremos la maravillosa perla que se encuentra en nosotros y proyectaremos con entusiasmo el judaísmo a las generaciones futuras.
Shana Tobá Umetuká.

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