PÉSAJ 5773: El amor por la tierra de Israel

Los acontecimientos que dieron origen a la festividad de Pésaj están impregnados de una serie de elementos que actualmente no dudaríamos en relacionarlos con los más puros ideales y lineamientos sionistas, en particular los vinculados a la corriente que hoy en día denominamos “sionismo religioso”. Un pueblo, descendiente de los patriarcas Abraham, Itzjak y Yaakov se había formado y desarrollado en Egipto llegando a la plenitud de su madurez física, haciéndose fuerte y numeroso. Allí había habitado por más de dos siglos, y sin embargo quienes pertenecían a aquel pueblo eran considerados – por los egipcios – extraños e indeseables. Un gobierno despótico y tiránico los explotaba y los oprimía sin ningún tipo de contemplaciones, y en franca violación de sus más elementales derechos. Sufrían de ese modo un amargo exilio en la misma tierra que los vio nacer. Entonces de manera repentina y milagrosa, por obra del Todopoderoso, llegó el momento de la liberación. Aquel pueblo, el Am Israel, saldría de Egipto para dirigirse a la añorada y legendaria tierra prometida a sus ancestros, la “tierra que mana leche y miel” (Shemot 3:8), donde podrían vivir en libertad y con dignidad. Pero antes tenían una cita en Har Sinay para recibir la Torá, la ley de Dios. Un estatuto universal y eterno que los definiría como nación y que les señalaría para siempre el fin y el propósito de su existencia. Aprenderían y pondrían en práctica Jukim (los decretos de Dios que transcienden el intelecto del ser humano), Mishpatim (leyes que rigen el comportamiento con respecto al prójimo), y Eduyuot (testimonios y remembranzas que configuran la identidad histórica y cultural del Am Israel). De esta manera se harían aptos para cumplir con el destino que el Todopoderoso les había asignado en el concierto de las naciones del mundo. Sucede que la servidumbre se padece de manera pasiva pero el ejercicio de la libertad requiere de preparación, de esfuerzo y de responsabilidad. Sin embargo, la generación que salió de Egipto no entraría a Éretz Israel. Esa generación no fue capaz de desembarazarse del agobiante fardo del Galut. Pero sus hijos, la gran mayoría de ellos nacidos en plena libertad durante la travesía por el desierto, sí tendrían el Zejut de tomar posesión de Éretz Israel. La Torá que aprendieron desde la más tierna infancia los haría merecedores de vivir en la tierra que Dios les había prometido a nuestros patriarcas. Todo esto nos enseña que no puede haber Medinat Israel a espaldas de la Torá como tampoco puede haber Torá a espaldas de Medinat Israel. Y éste quizás sea uno de los más importantes mensajes que año tras año nos transmite la festividad de Pésaj. Quien en la noche del Séder les enseña la Hagadá a sus hijos no cumple cabalmente su propósito si no les transmite y les inculca, también, el sentimiento de amor por la tierra de Israel, pues fue precisamente ese amor lo que motivó a nuestros ancestros a abandonar el Egipto de los faraones, y aventurarse en la soledad del desierto. Y no obstante, el no tener suficiente amor por la tierra de Israel fue finalmente el motivo de que esa generación que salió de Egipto no pudiese coronar su sueño de redención. Prestaron oídos al malicioso informe de los Meraguelim, que difamaron a la tierra de Israel, y por eso se condenaron a sí mismos a perecer en el desierto (Shelaj 14:2). Pero sus hijos, criados en Torá y Mitzvot, no cometieron el error de sus padres. Este es un ejemplo indiscutible que de manera extraordinaria nos ilustra la gran importancia de la educación judía. Que las consignas para este Pésaj 5773 sean por un lado Educación Judía y por el otro Amor a la tierra de Israel. Que el Todopoderoso proteja y bendiga a esta maravillosa Kehilá, y en nombre mío y de mi familia les deseo a todos que en sus hogares, en compañía de sus familias, festejen un Pésaj Kasher Vesameaj.

Isaac Cohen
Rabino Principal de la AIV

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