Tiempos de luz y tiempos de oscuridad

Rabino Samuel Garzón

     El día 17 del mes de Tamuz está dedicado a la lamentación, el ayuno, el recuerdo, el arrepentimiento y la esperanza.

     En este día históricamente calamitoso se registran los siguientes hechos trágicos y oscuros:

–          Moshé, al bajar del Monte Sinaí y ver la depravación del pueblo en torno al Becerro de Oro, rompe las primeras Lujot Habrit (Tablas del Pacto). (Shemot 32:19, Mishná Taanit 28b).

–          Los Sacerdotes del Primer Beit Hamikdash (Templo), durante el sitio impuesto por los babilonios en el año 3172 (588 A.E.C.) interrumpen el sacrificio diario, debido a la escasez de animales. (Yirmiá 42; Taanit 28b).

–          Al año siguiente, tras meses de feroz sitio, las murallas de Jerusalén son violadas por las fuerzas invasoras de Nebujadnetzar (Nabucodonosor).

–          Un ídolo fue erigido en el santuario del Bet Hamikdash (por orden del rey impío judío Menashé, o en el período de persecuciones romanas). (Melajím II 21:7; Daniel 9; Taanit 28b).

–          Apóstomos, capitán romano, incendió públicamente un Sefer Torá. (Taanit 28b).

–          Ahora es el general romano Tito, el que destruye las murallas de Jerusalén en el año 3830 (70 E.C.).

–          El Papa Gregorio IX ordena la confiscación del Talmud (4999/ 1239 E.C.).

–          Asesinato de miles de judíos de Toledo y Jaén, en España (1391 E.C.).

–          Destrucción del barrio judío de Praga (1559 E.C.).

–          Destrucción del Gueto de Kovno, Lituania (1944 E.C.).

–          Confiscación de la propiedad judía en Libia (1970 E.C.).

     Pero hay tres hechos ocurridos en este día que alientan la esperanza y auguran tiempos mejores, llenos de luz:

–          Noaj envió la primera paloma para cerciorarse de que las aguas del Diluvio habían descendido (1650/ 2110 A.E.C.). (Bereshit 8:8).

–          Moshé destruyó el Becerro de Oro y castigó a los pecadores. (Shemot 32:20), Seder Olam 6, Rashí en Taanit 30b).

–          Moshe ascendió al Monte Sinaí por otros cuarenta días, para rogar por el perdón y misericordia de Dios, a causa del pecado del Becerro de Oro. (Rashí en Shemot 33:11).

     Los días de Ben Hametzarím (aflicción) inician el camino que conduce al nuevo año.  Los días de oscuridad nos hacen acceder a días intensamente luminosos. De acuerdo al Midrash, en el futuro último, estos días serán vistos como días completamente buenos para Israel. Estos 21 días, comprendidos entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av, son el comienzo de una nueva estructura espiritual, que se complementan con los primeros 21 días del mes de Tishrí (desde Rosh Hashaná hasta Sheminí Atzeret), en los que podemos reconocer la luz del nuevo año en contraste con la oscuridad de los días de aflicción.

     Está escrito: “Dios vio que la luz era buena, y Dios separó entre la luz y la oscuridad”. (Bereshit 1:4).  Tal como vemos, la luz fue llamada buena incluso antes de la división entre luz y oscuridad.  Esto implica que hay bien en la oscuridad, ya que previo a la división, estaba incluida en la “luz”.  Más aun, es más fácil detectar la bondad de la luz cuando esta es, cercanamente, precedida por la oscuridad.

     El concepto de luz y oscuridad, fundidas en una misma entidad, se halla por detrás de esta afirmación de los Sabios: “Si no fuera por los caparazones que las ocultan, no sería posible para nosotros hallar perlas en las profundidades del océano”.

     En este ejemplo, los Sabios confirman que el caparazón de la ostra que recubre la perla no es obstructivo, sino que constituye una ayuda; el mismo nos permite encontrar el tesoro que protege.  En otro orden, cada uno de los trozos de nuestro carácter constituye una entidad completa; vista desde fuera aparece como una cáscara que recubre malas cualidades, pero basta con penetrar en el interior para hallar la perla que aguarda ser revelada.

     Pulir un rasgo del carácter es más difícil que observar toda la Torá, afirman los Sabios.  No obstante, el esfuerzo que cada uno es capaz de hacer, resulta precioso a los ojos de Dios.

     El Gaón de Vilna nos enseña que el mundo entero fue creado solo para que el hombre perfeccione su carácter.  El proceso de rectificación desde la cáscara hasta la perla implica, en primera instancia, la conciencia de la cáscara.  Esto no es posible cuando la luz celestial es dirigida directamente sobre la persona, iluminando su estudio de Torá o su servicio Divino, pues entonces, el rasgo negativo de carácter queda dominado y es, totalmente, absorbido por la vibrante energía Divina que la persona siente.  Tal como lo declara el maestro jasídico Rab Abraham de Slonim, autor del libro Bet Abraham, citando: “Tan pronto como me siento iluminado por la energía Divina del espíritu, cualquier cosa relacionada con lo material se transforma en oscuridad frente a mis ojos, y ni siquiera me tienta”.

     Una persona solo puede discernir un rasgo negativo propio cuando la luz del cielo, dirigida hacia si, es restringida.  Las cosas entonces comienzan a andar mal: no grandes catástrofes, sino molestos incidentes que debilitan el sentimiento de estar conectado a Dios.

     Hay momentos en la vida cuando, a pesar del hecho de que todo parece perdido, debes tener la capacidad de entrar a un espacio más allá de la razón y la lógica, un espacio pleno de tu confianza innata en Dios.  Cuando estás allí, instintivamente sabes que Dios quiere la iniciación de una relación desde abajo, que proviene de ti.

     Sin la ausencia de luz, las perlas que habitan nuestro interior podrían permanecer atrapadas en duros caparazones y seriamos incapaces de hallar el tesoro espiritual que está a nuestro alcance.  Este es el aspecto benéfico de la oscuridad.

     El esfuerzo que dediquemos al auto desarrollo y crecimiento durante estas tres semanas de Ben Hametzarím, nos prepara para Elul, el mes que precede a Rosh Hashaná, el mes de la Teshuvá.

     Los 21 días de aflicción es un tiempo de contemplación y, en el esfuerzo de volvernos sensibles a las necesidades de nuestra alma, tratamos de reconocer nuestros principales patrones de conducta.  En Elul, llegará el tiempo de eliminar las cáscaras que hayamos encontrado en nosotros mismos.

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